Un manto de compostura cubre mi piel, traspasa mis poros y recorres mis venas. Inunda mi ser de aquellos pensamientos y acciones políticamente correctos pero que a la vez no me sirven de nada. Porque lo que deseo es ajeno a lo que mi mente pide, porque lo que quiero sólo mi corazón es capaz de revelar.
Estúpida compostura la que me hace y obliga a realizar todo lo que no quiero, la misma que mil veces me ha hecho dudar hasta de mis propios sentimientos.
Lástima que el ser humano sea un animal racional y no pasional. Lo primero siempre te frena, anula y pasa a llevar tus deseos, dejando de lado lo que en la vida es lo más importante: los sentimientos. Tal vez el pensar nos permite medir, calcular nuestros actos, previendo sus resultados, pero no nos deja hacer lo que nuestros corazones piden a gritos. Quizás estoy confundida y no es compostura ni racionalidad lo que practico, sino simple cobardía. Porque lo que quiero está tan cerca físicamente y aún así no soy lo suficientemente valiente de ir y cogerlo.
Maldito todo aquello que omite mis sentimientos y me lleva por el supuesto sendero de lo bueno y correcto
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viernes, 25 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
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